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Crítica- Sea Fever (2019)

“Drama en el mar con criatura marina de la cual esperamos saber algo más”

Después de codirigir varias series de televisión, la directora irlandesa Neasa Hardiman da el salto al largometraje con “Sea Fever”, un terror marino que cuenta con guion propio. Guion con pinceladas de ecologismo, de ciencia ficción y de un terror cercano, en diversos aspectos, al “Alien” (1979) de Ridley Scott o a “La cosa” (1988) de Carpenter, salvando las, enormes, distancias.

Lo que tenemos es a Siobhán, una solitaria estudiante de biología marina, cuyo profesor le ha encargado que pase unos días en un barco de pesca para analizar muestras. Pero allí levanta el malestar de la tripulación al ser pelirroja. La superstición y la mitología tienen cabida en este título, aunque nunca se ahonde demasiado. Por ejemplo, el barco se llama Niamh Chinn Óir que en la mitología celta e irlandesa era la hija de Manannan Mac Lir, dios del mar y del clima, estrechamente vinculado con el Otro Mundo.
En su viaje por el Océano Atlántico se toparán con una criatura marina bioluminiscente con enormes tentáculos que les impregnará de parásitos.

Todo muy del estilo la citada “Alien”, y si el terror, donde los tripulantes son infectados por una extraña criatura que los acabará consumiendo. Todo ello narrado de forma dinámica, aun con altibajos. Ya que el guión siendo compacto tiene momentos algo desiguales, tanto en la trama general como en la referente a los distintos personajes.

Eso que Hardiman cuenta con un elenco del todo competente. Así tenemos a la actriz británica Hermione Corfield como protagonista, que está acompañada de la estrella danesa Connie Nielsen, Freya en la reciente “Wonder Woman”, propietaria del barco, al actor escocés Dougray Scott, visto en “Generación Z” o “Exorcismo en el Vaticano” ambas del 2015, que interpreta a su marido. Y el resto del reparto lo forman tres marineros y una ayudante. Todos cumpliendo con sus perfiles.

Pero hay momentos donde la dirección se aturulla y no sabe si tirar por el drama de Siobhán, por la del matrimonio, que está a punto de perder su barco al no pescar nada, o de las historias de la tripulación. Todo como metido de puntillas, cuando se le supone cierto peso dramático. Porque hay momentos donde no sabemos si es más importante el drama que la acción, ya que el terror hace acto de presencia en pocas ocasiones.

Así se nos intenta recalcar situaciones para que las futuras acciones no parezcan ilógicas. Véase “los pescadores no saben nadar”, así Siobhán debe bucear y mostrarnos, por primera vez, al monstruo marino. Y aquí la dirección si es valiente, porque no trata de esconder a la criatura ni las consecuencias de su contagio. Por lo que vamos teniendo una espiral de drama y acción, con toques de terror, que nunca se asienta en uno. Siendo esto un acierto y, a la vez, un error.

Algo similar pasa con el barco que se encuentran. Momento muy clásico y tratado de forma simplona. Más aún cuando se acaba contando la verdad a la tripulación. Y en estos momentos no sé si Hermione Corfield hace una buena labor o se excede en drama. Siempre tiene la misma expresión, desde el principio de la cinta. Salvo, quizá un par de momentos, donde, en uno de ellos y a saber porqué y para qué sirvió esto, tiene ese conato romántico.

Algo similar pasa con la “fiebre del mar”, que da título a la propia película. Se centran en comentarla en numerosas ocasiones, pero queda como desdibujado con el resto de la trama. Un sí pero no, al menos del todo. Porque salvo cuando uno de los chicos quiere irse a nadar no hay nada claro de dicha fiebre. Es como una licencia que usa el guión cuando se le va de madre todo.

Es interesante el tratamiento técnico de la cinta. Ya que aún siendo un elenco escaso y transcurrir toda la acción dentro de un barco la fotografía sabe mostrarnos la soledad del mar y la oscuridad del barco. Además sabe jugar con la luz fluorescente de la criatura y sus larvas, aunque lo que queda pegado en las botas despista más que otra cosa.

Es de agradecer, igualmente, la aparición de momentos gore. Son pocos, pero contundentes. La primera explosión ocular, sin ser nada gráfica, cumple a las mil maravillas. Y si bien es cierto que pudieron ser más arriesgados en este punto, lo que muestran cumple. Además que empasta muy bien con las decisiones que va tomando la tripulación, y aunque hay momentos algo apresurados este tramo sorprende. Y sí, yo también veo exagerada la acción de la mujer y su lucha con Siobhán. Que pudo dar mucho más.

Porque el final está falto de fuerza. Cumple, desde luego, pero nos deja la sensación de no llegar al límite. Así las diferentes decisiones de la tripulación, si bien es perfecto que sean desiguales, nos dejan con la sensación de haber sido finiquitadas con demasiada premura. Y si bien se nos muestra a la criatura, nos sabe a poco.

Más aun con el final repleto de las trampas habituales, y un cénit dramático a más no poder. Y que sí que cumple, pero de tan forzado le quita energía y contundencia. Más aún con la interpretación, excesivamente dramática, y cuasi pesimista, de Hermione Corfield. ¿Y el final? SPOILER ¿La criatura muere por comérsela? No queda nada claro porque se ven tentáculos flotando.

Aunque he de reconocer que es mejor que la reciente “Underwater”, del mismo año, y con dos actrices haciendo un papel, curiosamente similar en cuanto a dramaturgia.

Óscar Arias

La Mansion del Terror - 6.2

6.2

Género; Terror- Monstruos

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